Todo provocado por decisiones erróneas con las que tienen que apechugar. En democracia se dice que el pueblo es soberano, es mentira, una gran falacia porque en vez de escuchar sus quejas, por cierto la mayor parte de lo más razonables, se imponen leyes represoras.
Queremos políticos honestos que cumplan con sus programas electorales, y ya no basta con que Dios, sí creen en alguno, se lo demande, son los ciudadanos engañados quienes deben exigirlo.
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